El truco para erradicar los maratones de limpieza
Limpieza del hogar

El truco para erradicar los maratones de limpieza

No sé si es porque ya es septiembre, y en septiembre uno comienza a ver que el año está ya en las últimas, o porque ya estoy harta de que este año me siga pateando el trasero como lo ha hecho desde marzo, pero en los últimos días me he sentido como con una energía que no sentía hace muuuuchos meses.

Primero me decidí a ir preparando el planificador del Tercer Cuatrimestre 2020, que todavía no tengo 100% listo pero ya casi.

Y la semana pasada *finalmente* tuve la disposición y la energía para limpiar toda la casa, cosa que no hacía desde… bueno no sé desde hace cuánto. Mínimo un mes sin pasar ni siquiera la escoba. Y talvez en tu casa no se nota si no limpias en un mes, pero digamos que aquí ya a las 3 horas de haber limpiado hay suciedad. Imagínate luego de 4 semanas! Caos total, cochinero, chorretes en el piso, bolas de pelo de los perros… 

Pero el sábado pasado lo logré. De hecho el plan era limpiar en la mañana unas 3 horas, y luego dedicar la tarde a continuar con el Planificador. Sin embargo, me entró el bicho de la limpieza, y cuando ese bicho lo anda merodeando a uno, hay que aprovecharlo, hay que dejarse picar!

Entonces comencé a limpiar, y no terminé hasta que no quedó toda la casa limpia!

Corrí sillones, limpié los rieles de las puertas corredizas de vidrio, sacudí los muebles, volteé y aspiré el colchón de mi cuarto, limpié el piso bajo mi cama, ordené la despensa, recogí la cocina, terminé de lavar, DOBLÉ LA ROPA de una vez, o sea, el éxito total y absoluto.

Lo único que no hice fue lavar la tina (la ducha), porque dije: lo que tengo que hacer a partir del lunes es retomar mis rutinas de limpieza, según el Planificador, así que el lunes, que es día de baños, limpio bien los baños y listo, no pasa nada. Pero digamos que todo lo que es el piso, quedó súper limpio y bonito.

Cuando el piso está sucio, me abrumo y pienso que limpiarlo me tomaría un mundo de tiempo, que sería dificilísimo dejarlo limpio, que me cansaré mucho, etc.

Pero cuando ya está limpio, me doy cuenta de que mantenerlo limpio realmente es mucho más fácil de lo que yo me imagino, lo único que necesito es constancia, y unos 15 minutos al día (al menos la planta baja, que es la que se usa y se ensucia más), así que decidí hacer un esfuerzo, y darle una limpiadita ligera todos los días, ya sea antes de irme para el trabajo, o al regresar.

Así pues, el domingo limpié rápidamente, aunque por lo demás descansé, luego de la brutal trabajada que me había dado el día anterior.

Entonces llegó el lunes. Y como el estado habitual de mi piso es ESTILO CHIQUERO, al haberlo limpiado dos días seguidos, el lunes estaba relativamente bastante limpio.

Y por un momento dudé de la necesidad de limpiar el piso tal como me lo había propuesto…

Y es que esto es lo que siempre sucede: pasan días y semanas sin que limpie la casa (o al menos sin limpiarla a fondo, corriendo muebles y demás), y de repente me pongo a limpiar y me pego esa maratón de 8 horas que me deja exhausta, acabada, con ganas de dormir 20 horas seguidas y maldiciendo la hora en que nuevamente tenga que tocar la escoba.

Y como la experiencia del maratón de limpieza es tan desagradable, me resisto a limpiar lo más que pueda (no es que me resista, es que voy teniendo otras prioridades y otras prioridades durante el día, y la limpieza siempre queda relegada al último puesto, y nunca logro llegar a ella luego de cumplir todas mis otras obligaciones). Y entonces lo que pasa es que vuelvo al lugar de inicio, en el que luego de varias semanas la casa está imposible, y lo único que la salva es ooooootro maratón de limpieza de 8 horas. Y ahí sigue la montaña rusa, sin finalizar en ninguna parte.

Entonces como te contaba, el lunes por un momento quise resistirme a limpiar la casa, porque comparada con su “estado natural”, estaba LIMPIA.

Pero dije NO! Vamos a mantener nuestra palabra!

Y limpié el piso antes de irme al trabajo. Efectivamente 15 minutos fueron suficientes para pasar la escoba y el trapeador. De nuevo, sólo en la planta baja, pero es que es donde más se ensucia.

Llegó el martes, y también, limpié al llegar de la oficina.

Ambos días he barrido bastantes pelitos de perro, boronas, tierrilla y otras suciedades. Y he limpiado gotas, chorretes y huellas de patitas. 

Pero si no lo hubiera hecho, ya hoy tendría la acumulación de tres días de suciedad en mi piso que el sábado estaba tan limpio y reluciente. A este punto sería muy visible la suciedad, y muy evidente la falta de limpieza.

Y gracias a haber mantenido mi palabra, todavía hoy estoy disfrutando de mi piso limpio, como el primer día.

Debo hacer la salvedad de que este es un hábito nuevo para mí. Hasta ahora mis hábitos eran: lavar los platos y limpiar la cocina cada noche, lavar los servicios sanitarios, y revisar el plan de lavado. Sin embargo, creo que debo implementar el hábito de darle una pasadita al piso todos los días dado que acá se ensucia tanto, principalmente por los perros. En el pasado he tratado de hacerlo un par de veces por semana, pero ya llegado ese punto la casa está resucia y ya tomaría mucho más de 15 minutos limpiarla “rápidamente”, así que ni modo, debo hacerlo más seguido. Es muy probable que en tu caso la frecuencia de limpieza de pisos sea diferente.

Es fácil caer en el ciclo interminable de: maratón de limpieza – pasa un mes sin tocar la escoba – otro maratón de limpieza – otro mes sin limpiar quiero morirme.

Lo mismo pasa cuando dejamos pasar varios tiempos de comida (o varios días) sin lavar los platos, o cuando ignoramos la montaña de ropa sucia por dos semanas o tres o cuatro.

Pero bajarnos de esa montaña rusa es fácil, y realmente está en nuestras manos. Sólo necesitamos implementar o retomar algunos hábitos diarios, que podemos ir construyendo poco a poco. Y realmente darles una oportunidad durante un tiempo, y esta creo que es la clave.

Cada vez que logramos completar un nuevo hábito diario, se nos va haciendo más y más fácil, nuestro cerebro se va dando cuenta de que realmente no era tan imposible como imaginábamos, y específicamente hablando de la limpieza, ese “algo” que estamos limpiando se mantiene fácilmente “limpiable” al limpiarse con frecuencia, lo que contribuye a reducir el tiempo que nos toma hacer esa tarea. Es mucho más fácil y rápido lavar los platos justo después de comer, que tres días después, cuando ya la grasa y restos de comida están pegados y secos y adheridos al plato, cierto?

Así que hoy quiero motivarte a que escojas un nuevo hábito diario, y le des una oportunidad durante varios días.

Creo que te puedes llevar una agradable sorpresa.

Feliz organización!

Gabi