Por Tanny Abad

Por lo general cuando nos referimos en las conversaciones sobre nuestra casa estamos hablando de nuestro hogar.

Pero si saliéramos de ella con todo su mobiliario y contenido, no deja de ser una casa, por lo tanto una casa es un edificio, esté vacío o habitado y no necesitamos ser arquitectos para comprender esto. No pasa así con un hogar.

El hogar es un lugar acogedor donde nos sintamos a gusto y donde deseemos llegar después de nuestras actividades fuera de él, pero ¿Qué debe incluir ese edificio de paredes frías llamado casa para que sea en realidad un hogar?

Lo primero que debe incluir son personas y estas personas deben tener características en común, costumbres y valores similares. Si en un edificio o casa le pidiéramos a varias personas de culturas e idiomas muy diferentes que habitaran por unos cuantos días o quizás por un buen tiempo, sin exigirles dejar sus costumbres ni su idioma, no lograríamos que se sintieran a gusto ni en confianza unas con otras y hasta podrían causar problemas y disgustos el choque de culturas.

Con el ejemplo anterior quiero llegar a sus corazones haciéndoles comprender que para sentirnos en un hogar existen cosas muy fundamentales que por lo general no tomamos en cuenta cuando vivimos en familia.

 Las personas de una misma familia que comparten y habitan una misma casa deben estar unidas con el vínculo del amor, para que este traiga la comprensión de que convivir. El habitar un hogar (no meramente una casa) es compartir con personas a las que amamos y necesitan saber que las amamos, que son además personas con los mismos derechos y los mismos deberes de tratarse con respeto, amabilidad, consideración, tolerancia y dedicación los unos con los otros.

Un hogar por lo general está compuesto por miembros de la misma familia, pero también existen otros núcleos compuestos por compañeros de estudio o de trabajo, que de igual forma deben hacerse agradable las horas de estancia y de compartimiento dentro de dichas paredes.

El hogar es un refugio, un sitio de descanso, que debe estar limpio, ordenado, fresco y bien ventilado. Un lugar húmedo o donde no circula el aire regularmente, produce enfermedades de tipo respiratorio que por cierto son muy comunes en nuestro país que es de clima tropical.

Algunas consideraciones que podemos tomar en cuenta para el convivio dentro del hogar son las siguientes:

Fumar fuera: El humo del cigarrillo se sabe de antemano que daña tanto al que tiene el vicio, como a quienes conviven con quien lo tiene. Si el fumador no quiere dejar el cigarrillo, al menos debe comprender que fumar dentro de la casa daña la salud de quienes lo rodean y es una falta de respeto para quienes decimos amar.

Malos olores personales: El mar olor de los zapatos y de los pies lo sufren muchas personas. Para disminuir o eliminar el olor de los pies se deben (entre otras medidas) usar calcetines de algodón y no sintéticos; aplicar talco, spray o desodorante para pies todas las mañanas; lavarse los pies antes de acostarse; sacar al patio las prendas que provocan mal olor; y limpiar el interior de los zapatos con un pañito con vinagre blanco luego de quitárselos. Estas simples costumbres de aseo personal demuestran aprecio y educación. Igualmente sucede con los “gasesitos que salen por detrás” debido a ciertas comidas que nuestra digestión no tolera; si ya sabemos cuáles comidas son, es mejor evitarlas y si no lo sabemos, es cuestión de poner la debida atención la próxima vez que nos ocurra para evitar que continúe sucediendo. De igual manera, si se escapa un gas, que ello no sea motivo de “diversión” en la familia, ni hacerlo por llamar la atención.

Ruidos excesivos: Cuando se escucha música, procurar que el volumen sea moderado, comprender que no a todos los miembros del hogar, ni mucho menos a todo el vecindario les gusta el mismo género musical. Levantar las sillas en vez de arrastrarlas; cerrar y abrir las puertas con cuidado de no golpearlas para no despertar a los quienes no tienen que madrugar o trabajan los fines de semana o con los mismos horarios, etc.

Cuántas cosas similares a estas podríamos agregar a esta lista, que están provocando estrés y roces constantes entre personas que se aman (o al menos se aprecian) pero que están causando que ya no se toleren? Estos pequeños detalles se pueden corregir con muy poco esfuerzo, y convertirán la convivencia en el hogar más agradable, hasta sentirse bien consigo mismo y restablecer las relaciones que se están rompiendo; sabiendo que también deseamos que por nosotros tomen algunas consideraciones.

“Si Dios no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican, si Dios no guardare la 
ciudad, en vano vela la guardia” 

Salmo 127: 1


Tanny es colaboradora regular en Mi Casa Organizada. Ha trabajado dando consejería a mujeres, adultos jóvenes, adolescentes y matrimonios. Lee más acerca de Tanny aquí.
Una Ventana Hacia Ti: Casa vs. Hogar

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