Un día de estos leía un artículo, y me llamó la atención una pequeña parte, con la que me identifiqué de inmediato.

La persona que escribía relataba que siempre ha tenido mucho problema para mantener su automóvil limpio. El exterior siempre andaba lleno de polvo, el interior ni para qué, lleno de basura, papeles, envolturas de galletas, snacks, botellas, etc.

Y le llamaba la atención la gran resistencia que sentía al hecho de limpiar el carro.

 

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Entonces dice que recordó las grandes regañadas y malas caras que le hacía su papá cuando veía que ella andaba su carro todo sucio.

Su papá, cuenta ella, mantenía su automóvil impecable, y se preciaba mucho de él, era su gran orgullo.

Ella ya tiene más de 60 años. Su papá falleció hace casi 20 años. Pero aún después de tantísimo tiempo, ella sigue experimentando esa resistencia.

 

Qué curioso, verdad?

 

Al menos a mí me parece curioso, porque en algunas áreas de mi vida experimento también esa resistencia.

 

Por ejemplo, y talvez mi mamá si llega a leer esto se enoje conmigo un poco, pero ella siempre me inculcó que “los libros se tratan con cariño y cuidado”. Entonces desde siempre he tenido un profundísimo problema para deshacerme de libros, aunque sean puramente didácticos, de cursos que ya he aprobado, o que no me gusten, incluso que estén en mala condición. Porque siempre he pensado que los libros son un objeto que hay que cuidar mucho, me cuesta desprenderme de ellos.

Entonces pienso que talvez de pequeña, mi mamá nunca tuvo libros (no le he preguntado, pero es muy probable que así sea), por lo tanto, es posible que al tener su primer libro, no sé a qué edad, ella se sintiera grande, adulta, responsable, más inteligente o más capaz que antes, o que otros. Lo que provocó que para ella, los libros sean posesiones valiosísimas, que no se deben dejar ir por ninguna razón.

 

Estas son conjeturas mías, pero si yo experimento dificultad a la hora de deshacerme de libros, deberías verla a ella. Es como arrancarle las uñas.

 

Otra de las cosas que pienso que va por el mismo lado, es el asunto de la puntualidad. Para mi papá, no hay nada más importante que la puntualidad. Siempre critica a quienes no son puntuales, y se siente maravillosamente cuando llega a tiempo o temprano, lo cual es SIEMPRE.

Talvez mi resistencia a ser puntual venga de ahí, de querer llevarle la contraria a mi papá. Puede que sea una excusa, pero es posible que el origen de mi conducta esté ahí.

 

Y me pongo a pensar: cómo puedo superar esos sentimientos? Y más aún, cómo puedo evitar que mi hijo cultive esas resistencias?

 

Probablemente, pienso yo, en cierto modo la señora del artículo talvez se sintió reemplazada por el automóvil en el corazón de su papá. O talvez abiertamente el papá le prestaba más atención al carro que a ella. Esas son suposiciones mías, porque nada de esto se habló en el artículo.

 

Pero no me deja de llamar la atención la actitud, a veces irracional, que tenemos hacia ciertas conductas o quehaceres, o ante ciertas expectativas.

 

Te invito a que, cuando experimentes una fuerte resistencia o dificultad para hacer algo, te autoanalices, y trates de buscarle una razón a tu conducta. Al encontrar la raíz de un problema podemos ponerle fin. Siempre he dicho que al conocer al enemigo se gana el 50% de la batalla.

Te ha pasado que te resistes a hacer algo, sin razón aparente? Cuéntame!

 

Gabi

Por qué me resisto?