Mi muy peculiar plataforma de despegue y aterrizaje

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Hace algunos días hablábamos de un truquito para no olvidar las cosas en la casa al salir por la mañana: establecer una plataforma de despegue y aterrizaje.

 

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Y en ese artículo comenté que en casa, la plataforma se divide entre el sillón de la sala y las sillas del comedor.

 

Bueno pues te traigo evidencia fotográfica de nuestra plataforma, que como podrás ver, debo mantener a raya toooooodos los días, para que no se salga de control.

Dije “las sillas del comedor”, pero la verdad debí haber dicho “el comedor” completo, porque gran parte de “la situación” sucede encima de la mesa.

Estas fotos fueron tomadas durante diferentes días. En cuanto notaba que la mesa estaba hecha un relajo (porque a veces hay que hacer un esfuerzo para “ver” el desorden), “click”, va foto. Y luego, a ordenar.

 

Antes de ir a las fotos, debo comentar varias cosas:

  • No comemos en la mesa en cuestión, sino en el desayunador que se ve al fondo, frente a la cocina. Por lo cual la necesidad de desocupar el comedor no es apremiante. Lo que provoca que el desorden pase “desapercibido”, porque “no incomoda”, y entonces es más difícil verlo.
  • La mesa es esa primera superficie plana que se encuentra convenientemente junto a la puerta de entrada, lo cual la hace lugar ideal para descargar todo lo que trae uno en la mano… que a veces es bastante.
  • Mi esposo viaja en moto al trabajo, y el lugar en que guardamos el casco y la jacket y lo demás que usa, es en la alacena, junto a la cocina. El cual es un lugar poco práctico para estar guarde-y-saque, guarde-y-saque todos los días. Pero no hay otro lugar, por lo tanto, esas cosas aterrizan en la mesa y sillas todos los días entre semana. Ni modo. Hay que vivir con esos pequeños inconvenientes.
  • Los fines de semana, le doy descanso a la mesa y a las sillas, y guardo en la alacena todas las cosas de la moto.

 

Ahora sí, vamos con la “evidencia”.

 

Esta primera foto la tomé antes de que llegara mi esposo, un día durante la tarde. El día antes habíamos usado el maletín azul que se ve sobre la mesa, mi esposo usó el abrigo azul que quedó sobre la silla, en la bolsa roja había una cosa que debíamos llevarle a mi suegra, y está la caja para pastillas que “vive” en el baño de arriba, pero la tenía que rellenar.

 

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Luego de poner todo en su lugar, y de que llegó mi esposo con su mundo de cosas de la moto, quedó así:

 

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A la MAÑANA siguiente, o sea, sólo unas horas después de la foto anterior, luego de que mi esposo se fue, ya habían “cosas” sobre la mesa. Ese día no llevó la bufanda al trabajo, y esos dos papeles son de unos medicamentos que yo tenía que comprar… La mesa realmente es un imán!!

 

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Esto fue otro día, en el que había trabajado en la mesa porque mi hijo estaba usando el escritorio. Ahí aterrizó también mi cartera, un sobre con un papel del colegio, y el dichoso casco, jacket y otras cosas de la moto.

 

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Esto fue otro día, también entre semana. Aparte del casco, jacket, etc. quedaron mis llaves de la oficina, mis lentes, y una caja que mi esposo tenía que llevarse al día siguiente para la oficina. Los guantes amarillos los usa mi esposo para la moto cuando hay lluvia.

 

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Así que, como puedes ver, nuestra mesa está invariablemente llena de cosas POR LA NOCHE, y en su mayoría son cosas que necesitamos llevar al día siguiente con nosotros (en el sillón junto a la mesa queda el bolso del colegio de mi hijo, pero no le tomé foto).

 

Pero este relajo sucede solamente por la noche.

Durante el día, me esfuerzo por poner en su lugar todas las cosas que se hayan ubicado momentáneamente sobre ella.

 

Esta historia se repite día con día, día con día. Pero si no fuera así, si no sacara el rato para devolver todas esas cosas a su lugar cada día, todo lo que no nos llevamos por la mañana al trabajo o al colegio, en lugar de ser “plataforma de despegue y aterrizaje”, mi mesa sería “lugar para poner cualquier cosa y todas las cosas, cuando sea y como sea”.

Y desaparecería en unos cuantos días, bajo una inmensa montaña de tiliches.

Y nos quedaríamos sin mesa…

 

Gabi