La diferencia entre limpiar y organizar

La diferencia entre limpiar y organizar

Tengo una pregunta que hacerte:

Cuál es la diferencia entre “limpiar” y “organizar”?

 

O para ponerlo más fácil: cuando piensas en limpiar la casa, también incluyes “organizar”?

Te hago, y ME HAGO esta pregunta, porque pienso que limpiar y organizar no son lo mismo, y sin embargo estas tareas están íntimamente ligadas; tanto así, que sin una no puede existir la otra.

 

 

Sin limpieza no puede haber orden; y sin orden no puede haber limpieza

 

La diferencia entre limpiar y organizar

 

Cuando tenemos que “limpiar la casa”, muchas de nosotras nos sentimos agotadas sin siquiera comenzar, porque las tareas de limpieza no son solamente de limpieza propiamente dicha, o sea, no es sólo tomar un paño y pasarlo en las superficies, cepillar los servicios sanitarios, barrer y trapear los pisos. Noooo, qué va. Si fuera así, sería facilísimo!

  • A la hora de “limpiar”, primero comenzamos por ordenar la cocina, y dado que hace 3 días que no lavamos un vaso, casi que dan ganas de prenderle fuego y salir corriendo. Entonces, sólo la tarea de lavar los platos y limpiar las superficies nos toma fácilmente unas dos horas.
  • De ahí, nos movemos a la sala de estar, donde nos recibe una montaña de ropa (si estamos de suerte será ropa limpia) de 1 metro de alto, y nos ponemos a doblarla. Otra hora. Ahí llevamos 3 horas.
  • Luego, nos vamos con nuestra ropa doblada a cuestas hacia los roperos, pero como las camas están sin hacer, y de todos modos hay que cambiar la ropa de cama, dejamos la ropa doblada encima de la silla del dormitorio “un momento”, mientras quitamos la ropa de cama y la ponemos a lavar. Y pues ya que estamos en el cuarto de lavado, de una vez aprovechamos para dividir el resto de la ropa sucia en categorías, por todo el piso. De todos modos, “ya casi” la ponemos a lavar.
  • Para entonces, ya casi va siendo hora de hacer algo de comer. Así que, ya que estás con las pilas puestas y tienes “todo bajo control”, te decides a iniciar la comida “con buen tiempo”, y evitar que (como todos los sábados), almuercen a las 5 de la tarde.
  • Vas a sacar unos vegetalitos de la nevera, porque hace días que no comen verduras. Pero, oh sorpresa… en el cajón hay algunas cosas que decidieron dejar de ser vegetales hace días, y ahora son una masa informe, olorosa y chorreante. A limpiar el cajón de las verduras.
  • Y pues, como ya sacaste el cajón de las verduras, lo mejor será limpiar todo el refri, sacar los recipientes plásticos en los que crecen algunos experimentos científicos, tirarlos, lavarlos, secarlos, y guardarlos en el mueble, junto con los demás recipientes plásticos.
  • Y como también hay un desorden ahí, los sacas y los reordenas, y te das cuenta de que algunos están feos, o manchados, o no tienen tapa, pero cómo los vas a tirar, si todavía pueden ser útiles.
  • Entonces decides donarlos, y se te ocurre que “de una vez por todas” deberías designar un espacio fijo para ir poniendo todas las cosas destinadas a donaciones, esa “estación de donaciones” de la que tanto hablan las páginas y los libros de organización.
  • Así que destinas la parte inferior del mueble que está en el recibidor (sí ese, el que no abres desde hace 2 años), porque te parece el lugar perfecto para tu estación de donaciones. Entonces abres el mueble, y ves que ahí habías guardado (o más bien, “escondido”) los materiales de un proyecto de manualidades que estabas haciendo, una vez que llegaron visitas inesperadas, y luego, obviamente se te olvidó.
  • Así que…

 

Han pasado 7 horas desde que iniciaste, no has parado de trabajar, y NI SIQUIERA has pasado la escoba!

 

La familia está con hambre, tú estás medio desmayada y de mal humor, tienes un desorden peor que cuando comenzaste, y cuando finalmente reúnes un poco de energía para alimentarlos y lavar los platos (para que al menos la cocina quede limpia POR HOY), vas a tu cuarto decidida a colapsar, y te encuentras la cama sin hacer, la ropa que doblaste se cayó al suelo, y te entran unas ganas de pegar gritos, o de sentarte a llorar en una esquina.

 

Cuando la limpieza y la organización NO van de la mano

 

Dos anécdotas personales para ilustrar

 

Primera anécdota: Teníamos hace unos años una muchacha que nos ayudaba con la limpieza. Súper buena, hacía todas las tareas muy bien. Pero tenía la costumbre de “amontonar” por ahí las cosas que no sabía dónde colocar, las cosas que inevitablemente se me van acumulando en la mesa de comedor, o en la encimera de la cocina, o en la mesita de noche de mi habitación. Ella tomaba todo, lo ponía en una bandeja, o lo metía en una bolsa, y lo guardaba en la despensa, o en mi ropero, o en alguna otra gaveta o cajón. Entonces luego nos volvíamos locos buscando esto o aquello, o simplemente se nos olvidaba que existían esas cosas que ella había recogido.

No la culpo; nosotros no estábamos en casa para decirle dónde poner las cosas, y al menos las superficies quedaban limpias.

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Segunda anécdota: Ahora que soy yo quien se encarga de la limpieza de nuestro hogar, me sucede que limpio mi habitación, pero no la “siento” todo lo limpia que yo quisiera. Y es obvio, porque al no tener mucho tiempo para limpiar, lo que hago es enfocarme en los pisos, y en ir haciendo algunas tareas de las que indica mi Planificador, pero casi nunca me doy a la tarea de limpiar completamente la mesita de noche (veladora), o el mueble que tenemos en el cuarto, dos imanes efectivísimos para atraer monedas, esmaltes de uñas, libros, papelitos, facturas, medicinas, y cuanta otra cosa te imagines. Por ende, aunque limpie el piso de la habitación, esas superficies quedan sin sacudir, y sin ordenar, lo cual causa que la habitación no se “sienta” limpia del todo, porque para poder limpiar bien esa superficie tendría que QUITARLE TODO DE ENCIMA.

 

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Entonces, qué va primero? Qué tiene prioridad?

 

AMBAS

 

Sin embargo, no hay que hacer TODO al mismo tiempo, y ahí es donde fallamos muchas de nosotras que, con la mejor de las intenciones, queremos ver nuestra casa linda, ordenada, limpia, pero YA.

 

Y si no hay que hacerlo todo al mismo tiempo, entonces cómo le hacemos? Qué va primero? Qué va después?

 

Esto lo veremos en un futuro artículo, pero para resumirte, así es como funciona el Planificador Mi Casa Organizada, el cual te ayuda a ordenar tus prioridades, te dice qué tareas del hogar tienen más importancia, y cuáles pueden esperar. El Planificador te ayuda a establecer hábitos, y te enseña cómo dar lugar a tus proyectos, tanto personales como de organización de áreas de tu hogar, así tengas mucho o poco tiempo para dedicarles.

Por ejemplo, en el Planificador, las tareas de “limpieza” propiamente dichas, las vamos haciendo todos los días. Unas a diario, otras semanalmente, etc. Y las tareas de “organización” las hacemos poco a poco y por sectores de la casa. Pero si no tenemos tiempo de organizar al 100% un área no importa, hacemos un poco hoy y otro poco cuando nos vuelva a tocar, ya sea la próxima semana o el próximo mes.

Espero que no sea muy confuso, lo cierto es que sí funciona, porque cada vez que tocamos de nuevo un área, o hacemos de nuevo una tarea de limpieza (como limpiar los interruptores de luz, u organizar bajo el fregadero), se nos va haciendo más y más fácil, y logramos hacer esas tareas más rápido y con menor esfuerzo.

Si aún no lo tienes, qué estás esperando? Todavía estás a tiempo, así que obtén el tuyo ya mismo y comienza a poner orden a tu vida y a tu hogar.

 

Ahora te toca a ti

Te ha pasado algo similar a la situación que acabo de describir? O talvez estás a punto de entrar en un “ataque” de organización como el de arriba, pero te has detenido a tiempo, has reconsiderado tus prioridades, y has logrado limpiar la casa, al menos superficialmente? Te has sentido culpable por no limpiar y ordenar todo-todo-todo? Comenta!

 

Gabi

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