Perfección o avance? Qué prefieres tener en tu hogar?

En una cosa creo que todas las Organizadas estamos de acuerdo, y es en que hacer la limpieza del hogar NO ES BONITO.

 

Terminar de limpiar… ah, eso es otra cosa.

 

Ver la casa limpiecita, poder recibir gente cuando sea, encontrar las cosas cuando uno las busca, poder abrir el ropero sin que explote. Todo eso es genial.

Pero ya lo que es agarrar la escoba y el trapo, restregar, desempolvar, enjabonar, pulir, ordenar, … Ay Dios dame paciencia. Eso sí que no es nada bonito!

 

Pero aparte de que no es bonito ni fácil, muchas de nosotras también sufrimos de perfeccionismo, a la hora de limpiar y organizar nuestro hogar.

 

 

El perfeccionismo se manifiesta cuando nos decimos que para qué vamos a lavar esos 2 platos, si también hay que lavar la olla, y no podemos lavarla hasta que no esté unas dos horas en remojo porque tiene comida pegada.

O cuando pensamos que en los 20 minutos que tenemos, no nos va a dar tiempo de barrer y limpiar (trapear) toda la casa, entonces mejor vemos Facebook.

O cuando ya olvidamos de qué color era el sofá, porque siempre tiene ropa para doblar encima, pero mejor esperamos a “tener tiempo para doblarla toda”… Y por eso fue que ya olvidamos el color del sofá.

 

A veces se nos hace muy difícil “entrarle” a las tareas del hogar, porque la recompensa a veces parece muy lejana, muy difícil de alcanzar.

 

Talvez ha pasado mucho tiempo desde que lavamos el baño, y ahora está todo asqueroso y lleno de moho, y sabemos que para dejarlo “bien” limpio, vamos a tener que sacar brazo y despedazarnos las manos restregándolo por dos horas… Ojalá con cepillito de dientes por todas las rayitas.

Más difícil aún cuando vivimos solas, o cuando sencillamente tenemos un trabajo muy demandante, y es “justificable” descansar, en lugar de hacer alguna cosa en la casa.

Entonces nos decimos que “nos merecemos” descansar en lugar de hacer las tareas pendientes, que de por sí “no vamos a poder hacer bien”.

 

La perfección es muchas veces la que nos detiene, sin antes haber siquiera comenzado. Es la que nos dice que “si no lo vamos a hacer bien, mejor no hacer nada”.

 

Y mientras tanto, la suciedad y el desorden no sólo se mantienen, sino que AUMENTAN.

 

Sea que nos guste o no, la casa hay que limpiarla, los desórdenes hay que recogerlos, la basura hay que sacarla, y la ropa hay que lavarla. Bueno, o comprar nueva, pero bajo ese razonamiento también podríamos mudarnos de casa y comprar todo nuevo y así no tendríamos que limpiar nada.

Y ya sea que trabajemos fuera de casa o no, aquellos tiempos de estar limpiando desde que amanece hasta que anochece ya pasaron.

La vida moderna es rápida, es cambiante, es demandante, y es por ello que debemos comenzar a ver los quehaceres de la casa de una forma diferente, aprendiendo a aprovechar esos pequeños espacios que tenemos durante el día o la semana, en lugar de esperar a tener toda una mañana para hacer las cosas del hogar. Porque adivina qué? Ese espacio en el que de repente no tenemos nada mejor que hacer que limpiar, nunca va a llegar.

 

Requerimos un cambio de mentalidad con respecto a las tareas del hogar.

 

Este es uno de los principios en los cuales baso mi sistema para organizar las tareas del hogar, que comenzamos a ver en este artículo.

Te invito a que a partir de hoy “reprogrames” tu cerebro, para que comiences a encontrar el beneficio en hacer los quehaceres imperfectamente, cualquiera que sea la definición de “imperfecto” que tengas en tu mente.

Aunque sea un pequeño espacio de la casa. Aunque sea una limpieza “por encimita”. Aunque sea sólo ordenar una esquina de la mesa. Toda tarea que hagas, por más pequeña que sea, te ayudará a mantener tu hogar bajo control.

 

  • No importa si “sólo” puedes pasar la escoba.
  • Si “sólo” puedes sacudir una de las 4 mesitas.
  • O si “sólo” pudiste doblar 10 prendas de la montaña de ropa que no deja ver el sofá.

 

Es mejor hacer algo imperfectamente que no hacer nada.

 

Aquí está tu tarea

La perfección tiene raíces profundas, y para erradicarlas primero hay que llegar a ellas.

La próxima vez que pienses que mejor no haces un quehacer porque no te va a dar tiempo de hacerlo bien o de completarlo, analízate, trata de descubrir qué pensamiento está por debajo de tu razonamiento que, a simple vista parece tan lógico. Es muy probable que encuentres algo que te está impidiendo hacerlo.

 

  • Si piensas que algo te tomará muchísimo tiempo hacerlo, ponte a hacerlo, tómate el tiempo y anótalo en una libreta, o en una notita en tu celular. La próxima vez que te digas “hmmm mejor no doblo la ropa porque necesito TODA UNA HORA”, vas y te fijas cuánto tiempo en realidad te toma, y te darás cuenta de que en lugar de una hora necesitas 4 minutos. Y te darás cuenta de que eliminar ese sentimiento de frustración que tienes al llegar a tu casa por la noche toda cansada y ver la montaña de ropa en el sofá, bien vale la pena 4 minutos de tu tiempo.

 

  • Si talvez te dices que “sólo barrer” el piso no hará ninguna diferencia, bárrelo (de paso te tomas el tiempo). Te aseguro que no sólo verás, sino que sentirás la diferencia.

 

  • O talvez eso está bien, pero hay algo dentro de ti que te dice que si haces algo imperfectamente es porque eres una inútil, o porque no te esfuerzas suficiente, o alguna otra “lindura” de esas que a veces resuenan en nuestra mente. Si es así, es porque probablemente alguien te ha dicho esas cosas antes, y todavía te duelen. Si sientes que por ahí va la cosa, abrázate, compréndete, y date permiso para vivir tu vida como mejor te parezca, sin tener que quedarle bien a nadie.

 

No hay nada de malo en dejar algo incompleto.

No hay nada de malo en hacer una tarea imperfectamente.

 

El trabajo de la casa, aun realizado imperfectamente, produce avances, y te ayuda a sentirte bien, en control, más contenta y relajada en tu hogar.

 

Hazme caso, vas a ver que sí.

 

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