Cada cosa que poseemos, sea que la hayamos comprado o no, tiene un costo.

No me refiero solamente al costo monetario, al “precio” que pagamos por ese artículo.

Me refiero a otros costos, que vale la pena tener en cuenta a la hora de preguntarnos: lo elimino, o lo guardo?

Veamos cuáles son esos costos “escondidos” de nuestras cosas.

 

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El costo inicial de ese artículo

Ok, esta es una idea novedosa, no sé dónde la leí, que me hizo detenerme y pensar: qué tan cierto es esto! Y es particularmente útil cuando estamos ante la encrucijada de: pagué mucho dinero por esta cosa, y ahora sólo quiero deshacerme de ella.

Resulta que… el precio de ese artículo, por más caro que sea, ya se pagó. Económicamente hablando, en el pasado ya desembolsaste el dinero, ya salió de tus manos, de tu billetera o de tu cuenta bancaria, y ya no se puede recuperar, a menos de que lo vendas por un valor razonable, generalmente mucho menor al que pagaste originalmente. Ni pensar en venderlo a más alto costo; esto casi con ningún objeto se puede hacer, sino sólo con antigüedades o con piezas de colección.

Si te pones a pensar, deshacerte de ese objeto que no utilizas no es un desperdicio, sino todo lo contrario! Y aunque no lo vendas, si se lo das a alguien que sí lo necesite o que sí lo use, estarás evitando que otra persona gaste su dinero. Lo cual es una muy buena obra!

Si para comprar ese artículo usaste tu tarjeta de crédito, y ahora tienes un montón de deudas, el guardar ese artículo sólo porque sí, no va a solucionar tus problemas financieros.

Aunque ciertamente puedes sentir un poco (o mucho) arrepentimiento de haber gastado tu dinero, por el que trabajaste tan duro, el seguir guardando ese objeto no va a hacer que recuperes ese dinero. Lo mejor que puedes hacer es aprender la lección y pensar mejor en un futuro antes de hacer una compra.

 

El costo del espacio que ocupa

Pensemos por un momento en el precio de nuestra casa. Sea rentada o propia, sea que tiene hipoteca o que ya esté completamente pagada, nuestra casa es un gasto, por lo general el más oneroso de nuestro presupuesto. Ahora, calculemos el espacio de construcción (habitable), espacio por el que muy probablemente pagaremos durante muchos años, y saquemos cuenta de cuánto de ese espacio está ocupado por cosas innecesarias. Y cuánto nos cuesta ese espacio. Matemática simple: el precio de la casa y los gastos que genera, dividido entre los metros o pies cuadrados ocupados por cosas que no se necesitan. El resultado será el precio que pagas por mantener esas cosas en tu casa.

No estoy diciendo que haya que vender todo e irse a vivir a un apartamento minimalista estilo japonés, donde no haya espacio ni para sentar una visita. Pero probablemente cuando compraste o escogiste tu casa, pensaste en lo bonito que sería disfrutarla, vivir en ella, compartirla con tus seres queridos. Pero si en lugar de seres queridos, tu casa está llena de cosas innecesarias, qué sentido tiene?

Entonces talvez me digas: “ay pero es que mi casa es muuuy grande, yo tengo el espacio, me puedo dar el lujo de tener todas estas cosas”.

No por el hecho de que tu casa tenga más espacio, vas a necesitar más cosas. Aún estando en un armario, en una caja cerrada, sin “estorbarle” a nadie, la sola existencia de esos objetos que nadie en tu casa necesita, crea inquietud, ansiedad, y ocupa espacio mental. Por eso es que la casa no se siente “ordenada”, aunque a simple vista lo esté. Porque sabemos que todos los cajones y todos los armarios y todas las habitaciones sin uso están llenas a reventar.

 

El costo emocional de tener ese objeto

En un artículo de la semana pasada mencioné una bandeja o charola que tengo debajo del televisor en la cocina. Al ordenar ese espacio, me di cuenta de que por dos años había estado guardando unas piecitas de metal, que me recordaban la muerte de mi hermanita. No me la recordaban a ella, sino el día exacto de su muerte. Cada vez que las veía pensaba en esa tragedia, y volvía a revivir el dolor que sentí. Y por supuesto, me sentía terriblemente triste. Qué irracional seguir guardando esas piecitas! Pero así lo hice por dos años. Hasta que se fueron, y ahora ya no tengo ese recordatorio constante frente a mi.

Talvez en tu caso no tengas emociones tan trágicas asociadas a ningún objeto. Pero puede que tengas una silla de más, o un mueble estorbando el paso, o algo que se te mete en el camino cuando vas a sacar algo del ropero, una pila de cosas que se cae cuando abres una puerta, o qué sé yo, una mesa en la que siempre pegas la rodilla o el dedo pequeño del pie. Uuuurrrghhh!!

Te das cuenta de la influencia que tienen los objetos en nuestro ánimo, en la facilidad (o dificultad) con que vivimos la vida? Y por qué nos hacemos esto a nosotras mismas? Ilógico verdad?

 

El costo de mantener ese objeto

Cualquier objeto que poseas tiene costos de mantenimiento. La ropa hay que lavarla o llevarla al dry cleaning en caso de piezas delicadas o para ocasiones especiales, los automóviles hay que ponerles aceite y llevarlos al mecánico, los muebles de cuero o de madera hay que limpiarlos con líquidos especiales, a los electrodomésticos hay que cambiarles filtros, limpiarlos a lo interno, comprarles piezas de recambio, etc. Como mínimo, habrá que limpiarlos, o limpiar a su alrededor.

Si en una repisa (balda) tienes 10 adornos, y acostumbras limpiarla una vez por semana, al cabo de un año habrás quitado, limpiado, y reubicado adornos más de mil veces!

Te imaginas todo el tiempo, el dinero y la energía que te podrías ahorrar si no tuvieras que estar dándole mantenimiento continuo a todas y cada una de las cosas que tienes en tu casa?

 

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A veces se nos hace más difícil dejar ir algún objeto porque seguimos buscando una razón para dejarlo ir. Podríamos entonces probar preguntarnos “por qué no?”. Te aseguro que en lugar de perder, ganarás.

 

Gabi

 

El costo real de las cosas