Deja de “alegarle” a los chicos

“Alegadera”: Dícese de la acción de repetir mucho las cosas con un tono de voz fuerte y desagradable, que provoca aburrimiento y molestia en la persona que la recibe, y con la que nunca pero NUNCA se obtienen los resultados deseados.


Esta definición me la dio mi hijo de 10 años. Obvio! No sabrá qué es si tengo 10 años de alegar!

Bueno, y eso es del lado de las orejas con callo de mi hijo. Y del lado mío? A ver, que levanten la mano las mamás a quienes les encante repetir y repetir y repetir y repetir y repetir y repetir hasta el HARTAZGO!!

Sorpresa! A nadie le gusta!! 

La alegadera se disfruta (por ambas partes) tanto como un tratamiento de nervio, como ir a sacar una cita al Seguro, tanto como una colonoscopía.

Entonces yo me pregunto: si yo odio la repetidera, y mi hijo no hace lo que le pido en esta forma,

por qué lo sigo haciendo?? 

Porque es una mala costumbre. Y como se debe hacer con las malas costumbres: hay que hacer un esfuerzo por quitárnoslas.
Aquí les dejo unas cuantas ideas para reducir la alegadera al mínimo:

1. Hacer una lista de las rutinas diarias.

Coloca en un lugar bien visible una lista con las cosas que el chico tiene que hacer, para no tener que estar repite y repite: “lávese los dientes, traiga su bulto, falta la lonchera”, etc. Por ejemplo:

Mañana
  • Bañarse
  • Tender el paño
  • Desayunar
  • Lavarse los dientes
  • Alistar la merienda (sándwich, jugo, fruta)
  • Tomar el bulto y la lonchera. Listo para salir!

Tarde
  • Almorzar
  • Descansar media hora
  • Hacer la tarea
  • Estudiar una hora
  • Alistar el bulto de mañana

Noche
  • Recoger el cuarto (ropa sucia, juguetes)
  • Alistar el uniforme de mañana
  • Lavarse los dientes
  • Ponerse pijamas

2. Pon una alarma.

Si hay que salir de la casa a las 6:15 para llegar a tiempo a la escuela, pon una alarma en tu celular para que suene a esa hora, y reta a tus hijos a ganarle a la alarma. Si no le ganan, al menos será un recordatorio de que hay que salir corriendo en ese momento para no llegar tarde, sin importar qué estén haciendo.

3. Enséñales que sus actos tienen consecuencias.

Si los chicos se quedan perdiendo el tiempo en la mañana y se les hace tarde, no les justifiques la tardía. Así la próxima vez lo pensarán dos veces antes de atrasarse para la escuela. Es bueno ser claros en cuanto a lo que se espera que ellos hagan, y las consecuencias que tendrán si no lo hacen. Por ejemplo, si no alistan el uniforme el día antes, talvez se encuentren al día siguiente con la desagradable sorpresa de que la camisa estaba sin planchar, o que al pantalón se le soltó el ruedo. Déjalos que vayan así a la escuela, te aseguro que será una única vez, y aprenderán una valiosa lección para el resto de sus vidas.
Te consideras una alegona compulsiva? Qué haces para frenar este hábito?

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