Ya sea que seamos administradoras del hogar a tiempo completo, o que trabajemos remuneradamente fuera de casa (además de hacer los quehaceres), siempre va a haber momentos en los que sentimos que tenemos tantísimo qué hacer, que nos quedamos en neutro, en blanco, no sabemos por dónde comenzar ni qué hacer.

 

Al menos a mí me sucede bastante a menudo.

 

Durante uno de estos episodios hace poco, me acordé de un viejo dicho de mi mamá.

 

cuando-nos-quedamos-en-neutro

 

Cuando estaba en la escuela y tenía que hacer una asignación (ahora les llaman “trabajos extraclase”), mi mamá siempre me decía que lo hiciera “despacio y con buena letra”.

 

Es de esas cosas que dicen las mamás y que a uno se le quedan para toda la vida.

 

Entonces, yo comenzaba a escribir despacito, y la letra automáticamente me salía mejor, más parejita, más ordenada, no cometía errores, no hacía tachones.

Esa idea de “despacio y con buena letra” se me ha quedado y la he puesto en práctica en muchas áreas de mi vida.

Por ejemplo, el año pasado y el antepasado, que tuvimos muchos problemas financieros, nuestro endeudamiento creció montones. Y lógicamente, el pagar las deudas no es fácil, ni tan rápido como uno quisiera.

 

Entonces recuerdo a mi mamá diciéndome: “mejor despacio y con buena letra”.

 

O sea, es mejor ir pagando las deudas poco a poco, que querer pagar un montón, y darnos cuenta después de que no nos quedó plata ni para la comida, y tener que usar las tarjetas de crédito para comprar en el supermercado. O lo que nos pasó una vez, que por querer hacer un pago rápido, nos equivocamos de deuda, y hasta después caímos en cuenta de que habíamos cancelado la deuda con interés más favorable, y nos habíamos dejado la que tenía un interés altísimo.

 

Es lo mismo a la hora de organizar la casa.

 

Sucede a veces que los roperos están desordenados. Entonces nos ponemos a ordenarlos, y sacamos todo, y doblamos todo de nuevo, tratando de imaginarnos a KonMari a la par nuestra preguntándonos si la bufanda verde “nos da alegría”, y ordenamos todo por color o por talla o por estilo, o por estación del año, o todas las anteriores… y cinco horas después, cuando ya estamos agotadas, nos acordamos que tenemos una montaña de ropa sin lavar, la cocina está hecha un desorden, y no tenemos ni idea de qué vamos a cocinar para la cena.

Antes de hacer la sesión de reacomodo de roperos de 5 horas, prioricemos, veamos qué es más urgente hacer, y luego de hacer esas cosas urgentes, entonces sí, reordenamos el clóset, por el tiempo que podamos, aunque no nos quede perfectísimo de un tirón.

 

La casa no se desordenó en 5 horas. No vamos a pretender ordenarla toda en 5 horas. Es ilógico, y suponerlo es tomar la ruta del fracaso.

 

 

Cuando te sientas como “en neutro”, no pienses en “todo” lo que hay que hacer. Escoge una cosa, la más urgente, o la que te sea más fácil, pero sólo una. Y complétala. Luego repite. Aunque no vayas a la velocidad que quieres, al menos estás avanzando.

Despacito, no importa, no estamos en las olimpiadas.

Mejor despacio y con buena letra.

 

Gabi

Cuando nos quedamos “en neutro”