Dado que no me gusta usar títulos negativos para referirme a mí misma, como “desordenada”, “perezosa”, “distraída”, etc. (de paso te aconsejo que tampoco lo hagas), en otras ocasiones me he referido a mí misma como “procrastinadora en recuperación”.

 

Me he dado cuenta de que las personas que procrastinamos con frecuencia, compartimos la cualidad de ser creativas, inquietas, y tenemos la necesidad de andar viendo a ver qué inventamos todo el tiempo… principalmente porque buscamos excusas para seguir procrastinando, para seguir evitando hacer las cosas que debemos hacer.

 

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Dicen que la mitad de la batalla se gana conociendo al enemigo. Así que, por qué no nos dedicamos hoy a diseccionar a nuestra enemiga la procrastinación, para así analizarla y ver cómo la podemos destruir más fácilmente. Te parece?

 

La procrastinación se disfraza de trabajo

Es muy extraño que las personas procrastinadoras estén simplemente sentadas viendo pasar la tarde. Muy por el contrario, la tendencia es a tener demasiado qué hacer. El problema es que todos esos quehaceres poco tienen que ver con las tareas cruciales que harían una diferencia marcada y visual en nuestra vida, nuestra carrera, estudios o entorno.

Por ejemplo: tengo el sofá lleno de ropa por doblar. También tengo el fregadero lleno de platos sucios. Entonces decido lavar los platos. Pero en lugar de simplemente lavarlos y dejarlos secando, e irme a doblar aunque sea un poco de la ropa que está en el sofá, decido secar todos los platos, limpiar a profundidad la cocina, pulir el fregadero, limpiar debajo de la refri/frigo, y cambiar las cortinas de la cocina. Tareas que tengo pendientes, cierto, pero mientras las hago (y de paso quedo agotada), la ropa sigue sin doblar en el sofá, y por lo tanto, aunque la cocina esté impecable, la casa continúa en estado de desastre.

 

La procrastinación tiene cara de cansancio

No voy a negar que nuestras vidas son muy pero muy agitadas. Nos levantamos de madrugada, trabajamos 9 horas, vegetamos en el tráfico por 3 horas diarias, llegamos a la casa muertas de hambre y de cansancio, a ver qué inventamos de cena, y a caer rendidas, para repetirlo todo al día siguiente.

Pero siempre nos queda tiempo para revisar el Facebook. O ver los chistecitos que nos envían por Whatsapp. O para leer uno o dos o diez artículos en un blog. O ver videos en YouTube por dos horas, porque en YouTube el tiempo pasa 3 veces más rápido de lo normal!

En serio estamos tan pero taaaan cansadas? O será que estamos evitando hacer lo que no nos gusta hacer, y “elegimos” hacer sólo lo bonito, lo que nos produce satisfacción inmediata? Qué tanta energía se necesita para recoger ropa del suelo, lavar unos platos, o pensar qué ropa vamos a usar mañana?

Es una cuestión de elección, elegir lo que me va a hacer la vida más fácil a cambio de un poco de trabajo, en lugar de lo que me produce satisfacción inmediata pero me aleja de mis objetivos.

Ayer leí una frase de Benjamín Franklin que decía:

 

El tiempo perdido nunca se vuelve a encontrar.

 

Ahí te la dejo. Ojalá te cause el mismo efecto que causó en mí.

 

 

La procrastinación se siente como enojo, tristeza o depresión

Hay muchas razones para sentir estas emociones, que pueden o no tener relación con el ambiente que se vive en el hogar. Pero si todo lo demás parece estar bien, sería bueno analizar qué hay en tu hogar, cómo es el comportamiento que tienes en él, si cambias al llegar a casa, si estás inventando ir a hacer gestiones aquí y allá sin necesidad, sólo para no estar en la casa, porque talvez ahí encuentres tu respuesta.

En mi caso particular, a veces siento enojo de ser la única persona que se encarga de los quehaceres de la casa, pero he notado que el detonante de este enojo está relacionado con tener que hacer la comida en medio de una cocina desarreglada, o por ejemplo cuando los perros hacen alguna diablura y tengo que limpiar lo que hicieron, pero no sólo tengo que limpiar lo que hicieron sino toda la casa, porque no he limpiado el piso con la frecuencia que debería.

A veces me he sentido deprimida al saber que debo llegar a la casa y que no voy a tener ni un minuto de descanso porque hay demasiadas cosas por hacer, y todas son urgentes.

 

Qué te digo, soy humana.

 

Pero también he notado que en mí está la capacidad para cambiar esos sentimientos. Por ejemplo, el arreglar la cocina lo veo como un momento para hacer higiene mental, me pongo en “neutro” y no pienso en nada, y eso me descansa la mente. O cuando tengo que planchar, aprovecho para ver mis series favoritas, esas que nunca veo porque nunca tengo tiempo, y entonces no se me hace tan pesado.

Si la causa de nuestra depresión, ansiedad, tristeza o enojo está en el hogar y en sus quehaceres, en nuestras manos está cambiar la raíz de esa frustración. No es fácil, e inclusive talvez necesites ayuda profesional, o contratar a alguien temporalmente para que te ayude con la limpieza, al menos para salir de ese hoyo sin fondo en el que estás. Escuchar música ayuda mucho, visualizar el resultado final también ayuda a “tomar impulso”, y ya por haber tomado impulso, será más fácil continuar. Eso es la ley de la inercia 🙂

 

La procrastinación es estática

Hablando de la ley de la inercia, la cual dice que un objeto, ya por estar en movimiento, continuará en movimiento a menos de que una fuerza externa lo detenga, debemos identificar que la procrastinación es estática.

He notado que si llego del trabajo y directamente me acuesto a ver televisión, o me siento en el sillón a descansar “un ratito” (que a veces es de una o dos horas), me cuesta muchíiiiisimo “tomar impulso” para levantarme de nuevo y ponerme a hacer cosas. Pero, si de una vez comienzo a hacerlas en cuanto llego, no me es tan dificultoso hacerlas.

Lo mismo sucede cuando hacemos un plan para el día siguiente desde la noche anterior, o cuando planificamos las comidas de la semana, o incluso la comida que serviremos en la noche, con anticipación. O cuando agendamos la próxima visita al dentista desde el momento en que salimos de la consulta de hoy.

Es útil siempre pensar con anticipación cuál será el siguiente paso, qué debemos hacer después, qué sigue después, para no tener que quedarnos pensando: “y ahora qué hago, qué es más urgente, qué necesito hacer?”. Al tomar todas esas decisiones con anticipación, te será más fácil “seguir en movimiento”, en lugar de detenerte y tener que arrancar de nuevo.

 

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Esto es una lucha constante, amiga. Te lo digo con conocimiento de causa, porque a mí me cuesta mucho también enfrentarme a esta enemiga que constantemente me bloquea el camino hacia mis objetivos. Pero ni modo, no queda más que echar mano de estas armas, y no dejar de luchar jamás.

 

Adelante! Sí se puede!!

 

Gabi
Cómo derrotar a tu enemiga la procrastinación