Un día de estos tropecé con un artículo que me llamó mucho la atención, y que hoy quiero compartir acá contigo.

El artículo se trataba de la encrucijada en la que se encuentra actualmente la generación de “baby boomers” (los nacidos entre 1946 y 1964) y la “generación X” (nacidos entre 1965 y 1984), con respecto a las posesiones de sus padres, y qué hacer con ellas cuando mueren.

 

Acumulas con el fin de heredar

 

Porque resulta que a los padres de los boomers y de los mismos Gen X, por las carencias y escaseces producto de las guerras, les costó mucho hacerse de sus cositas, sus muebles, adornos, etc. Y ya que les costó tanto obtener esas posesiones, nunca se deshicieron de ellas pensando en heredarlas a sus hijos y nietos, seguramente para que no la pasaran tan difícil como ellos.

 

Pero resulta que ellos no las quieren.

 

No por malagradecidos, sino porque la economía y el modo de vida han cambiado.

 

Este artículo está dirigido más que todo a Estados Unidos, y como en Latinoamérica las tendencias sociales van llegando como quince o veinte años después, pues me puse a pensar que es posible que nosotras mismas o nuestros padres estamos en el mismo plan de “guardar para heredar”.

Hasta hace muy poco, era usual que el aposento principal de cualquier casa fuera la sala de estar. En ella se recibían visitas, se hacían fiestas, hasta se velaba a los muertos. En las casas construidas en los años 70 y 80, por lo general el baño y la cocina era minúsculo, y la sala de estar era muy grande. Probablemente también tenían un comedor aparte, que comunicaba con la cocina, pero dejaba ésta discretamente oculta tras una puerta.

Estos grandes aposentos había que llenarlos con muebles. Entonces las familias compraban aquellos grandes trinchantes/trasteros/chineros que se ponían en el comedor, porque las cocinas eran tan pequeñas que no tenían espacio para un mueble. También se compraban bufeteras, mesitas auxiliares, lámparas, grandes cuadros, jarrones, tapetes y muchos otros objetos, porque además, las posesiones eran reflejo de la prosperidad de las familias, del poder adquisitivo que tenían.

Como todas sabemos, hoy en día la historia es diferente. Actualmente, el modo de vivir es más relajado, las cocinas se han abierto al resto de la vivienda, para que quienes cocinan (que por cierto ahora son ambos miembros de la pareja) no deban encerrarse lejos de “la fiesta”, sino que puedan compartir con sus invitados mientras preparan los alimentos. Ahora las salas no son tan grandes, y no hay necesidad de llenarlas con tanta cosa como antes.

El poder adquisitivo ya no se demuestra con una casa llena de cosas, sino con aparatos electrónicos, automóviles, viajes, experiencias. No que esto esté mal, pero la gente gasta su plata en otras cosas, es lo que quiero decir.

Todo lo cual me hace pensar en las posesiones que acumulamos actualmente, esas grandes inversiones de dinero en vajillas, cuadros y muebles antiguos que se hacen con el fin de heredarlos algún día a los hijos y nietos, puede que sean completamente inútiles, por no decir “indeseadas”.

 

Pensemos talvez en la vajilla que heredaste de tu abuelita.

 

La tienes en un mueble especial, y la usas sólo en ocasiones muy especiales, para que no le pase nada. Es una vajilla gigantesca, con servicio para 8 personas, algunas piezas ni siquiera las has usado nunca. Es muy valiosa, se la regalaron a tu abuelita cuando se casó. Pero muy en el fondo te estorba un poco. A veces quisieras deshacerte de ella, pero te gana la culpa, porque “era de la abuelita”!

Seamos honestos… Si tú misma, que compartiste con tu abuelita, que talvez tienes recuerdos de cenas familiares servidas esa vajilla, sientes que es bonita pero realmente es un estorbo, cómo crees que se sienten tus hijos o hijas respecto a ella? Es muy pero muy probable que la vean como un “quitaespacio” inservible, y no pueden esperar un minuto más para deshacerse de ella.

Lo mismo pasa con jarrones, muebles, o adornos de porcelana valiosos, que la gente colecciona “para heredar”. Es muy probable que, aunque “algo” sea valioso monetariamente, para las futuras generaciones no tenga ningún valor práctico o emocional, y luego de 30 años de moverlo, cuidarlo y restaurarlo, termine haciendo sentir culpable al “dichoso heredero” de semejante estorbo.

 

A mí, el “heredar culpabilidad” me parece bastante cruel.

 

Te invito a analizar tus posesiones. Antes de “invertir” en un nuevo objeto con la finalidad de heredarlo algún día, piensa, qué tan útil o práctico podría ser en 20 ó 30 años. Los tiempos cambian mucho, y cambian rápidamente.

Y por el amor del cielo, PREGÚNTALE a tus hijos o nietos, o a quien pienses heredarle algo o donarle algo, si realmente lo quieren antes de hacerlo. No heredes culpa. Y no te resientas si te dicen que la verdad-verdad, no quieren la vajilla de tu abuela.

Dale click aquí si deseas ver el artículo del que hablo (está en inglés).

 

Has estado en la posición el que recibe un objeto no deseado como herencia? Cómo te has sentido? Comenta!

 

Acumulas con el fin de heredar? Te tengo malas noticias…