Esta es la segunda parte del artículo de ayer respecto a 13 señales que nos pueden indicar que nuestra vida requiere un poco más de orden, y cómo hacerlo. Si no lo has leído, te invito a hacerlo. Y si ya lo leíste, pues continuemos con la lista.

señales de que tu vida esta desordenada 2

 

7. Has dejado de cuidarte

Estamos de acuerdo en que, en nuestros años de juventud teníamos más tiempo (y talvez hasta más dinero) para arreglarnos el pelo, maquillarnos, o nuestras actividades diarias nos permitían usar zapatos de tacón, accesorios o ropa un poco más ajustada o “de vestir”. Con los años es posible que ya ciertas cosas de estas hayan cambiado, pero es que a veces se nos pasa la mano en el descuido! A veces nos quedamos todo el día sin bañar, o andamos con el pelo grasiento, los talones agrietados, y ni siquiera tenemos un lápiz de labios o un poquito de perfume para ponernos. Inclusive, si nunca hemos acostumbrado maquillarnos o perfumarnos, el descuido se nota en la comida que comemos, o en el hecho de que ni siquiera nos tomamos el tiempo para ir al ginecólogo, o al dentista. A veces ni agua tomamos! Por qué nos hacemos esto a nosotras mismas? Simple: porque ponemos a todo y a todos por delante de nosotras. Todo va primero, para todo lo demás hay tiempo y energía. Pero para nosotras no.

Solución: Querernos. Cuidarnos. Apreciarnos a nosotras mismas. Es la manera en que le decimos a los demás: “yo valgo, y merezco cuidarme”. No estoy diciendo que dejemos de comprar cosas básicas para ir al salón de belleza, o que todo el tiempo tengamos que andar como supermodelos. El cuidado al que me refiero va mucho más allá del arreglo externo. Es esa mentalidad de que soy importante, me quiero, me cuido. Inclusive tiene mucho que ver con nuestra energía y las ganas que tengamos de hacer las cosas. No es lo mismo levantarse temprano, ducharse, ponerse ropa bonita y limpia y comer un desayuno nutritivo, que levantarnos a las 11 de la mañana, quedarnos en bata y sin brassier todo el día, y pretender subsistir sólo tomando café. Nuestra energía no será la misma, nuestro amor propio y hasta nuestra salud irán en declive, y por más que los demás nos amen “tal y como somos” (que al final es una excusa que usamos para no cambiar), si en verdad nos aman van a querer vernos felices, saludables, activas, sonrientes y realizadas. Así que a querernos un poquito más. Acuérdate que tú siempre vas primero!

 

 

8. Comes mucho fuera, o compras para llevar

La desorganización se manifiesta también en nuestros hábitos alimenticios. Dado que la cocina está desordenada, es imposible preparar la comida. Como no nos hemos organizado y apartado el tiempo para ir al supermercado, no hay comida qué preparar. O tenemos uno que otro ingrediente, pero como no hicimos el plan de comidas de la semana, no podemos preparar una comida completa. Por lo tanto es más fácil comer fuera, o pasar a comprar comida a algún restaurante de comida rápida. El problema es que esto se traduce en kilos de más, aumento del colesterol, consumo excesivo de sodio y mala salud causada por una nutrición pobre.

Solución: Parece mentira pero muchos problemas de organización se solucionan (o comienzan a solucionarse) cuando nos esforzamos por limpiar la cocina y lavar los platos a diario. Esta es una de las tareas imprescindibles, que yo llamo “de emergencia”, una de las tareas diarias en el Planificador de Tareas del Hogar que hay que hacer sí o sí, para que la casa y la vida familiar no colapsen. Si no sabes por dónde comenzar a organizarte, revisa tu hábito de ordenar tu cocina todas las noches antes de acostarte. Cuando esa primera pieza está colocada y bien asentada en su sitio, todo lo demás va cayendo poquito a poco en su lugar. Lava los platos del día, lava el fregadero, limpia la estufa y las encimeras de la cocina. Es algo muy sencillo que dará grandes frutos en un muy corto plazo.

 

9. Duermes en exceso, o pierdes el tiempo en actividades no productivas

La desorganización se traduce en desmotivación, pereza, falta de energía para hacer las cosas. Por este motivo sentimos la necesidad de dormir en exceso, cuando en realidad lo que necesitamos es activarnos más. A veces lo que pasa es que, al no saber qué hacer ni por dónde empezar, o sea, al sentirnos abrumadas, dedicamos nuestro tiempo a “parecer ocupadas”. Por ejemplo, nos ponemos a ordenar los libros del librero en orden alfabético, cuando en realidad lo más urgente es recoger la ropa del piso y poner la lavadora porque toda la ropa está sucia. O vamos a hacer algún mandado hoy, y otro mañana, y otro mañana, y gastamos mucho tiempo valioso en entrar y salir de la casa innecesariamente, cuando bien podríamos agrupar todos los mandados y usar sólo una tarde para hacerlos todos, en lugar de 3 ó 4 tardes.

Solución: Duerme lo suficiente, no más, ni menos que lo que necesitas para funcionar bien durante el día. Ajusta tus tiempos de levantarte y acostarte poco a poco, agregando o quitando 15 minutos cada vez, para que el cambio no sea muy drástico. Aprende a escuchar a tu cuerpo y seguir tus ciclos de energía antes de planear tus tareas diarias, y usa los momentos en los que tu concentración esté en los niveles más bajos para hacer mandados o tareas mecánicas, como limpiar la casa. Y agrupa tus quehaceres, para hacer mejor uso del tiempo y tus recursos.

 

 

10. Dejas de usar partes de tu casa para su propósito original

En etapas avanzadas de acumulación, es común que las personas guarden cosas en la ducha, por ejemplo, imposibilitándoles el uso de la misma, o que vayan apilando papeles y amontonando cosas encima de la cocina (estufa), dentro del fregadero de la cocina, o sobre su cama. Para quienes nunca han visto ese comportamiento, podría parecer de lo más absurdo. Pero para muchas de nosotras es “normal” usar nuestros sillones para poner ropa (sucia o limpia), bolsos, abrigos, libros, y otro montón de cosas, de manera que ya los sillones no se pueden usar para sentarse, sino que son un guardadero de cosas. Y yo te pregunto: “no es lo mismo?” Si ya las cosas amontonadas (en cualquier lugar que se encuentren) no te permiten usar las áreas de tu casa para el propósito que originalmente se crearon, algo anda mal. Si por ejemplo no puedes usar tu mesa de comedor para comer, porque está llena de cosas, es lo mismo que usar la ducha para guardar periódicos y cajas. Talvez sea socialmente más aceptable comer de pie que andar sin bañar, pero el proceso de pensamiento es el mismo: estamos permitiendo que los objetos nos dicten qué podemos hacer y qué no, en nuestra propia casa, y eso no está bien.

Solución: No permitas que los objetos te digan qué hacer y qué no hacer, dónde comes, dónde duermes, si recibes visitas o no. Los objetos que tengas en tu casa deben hacer tu vida más fácil y feliz, no al contrario. No deben hacerte sentir culpable, ni triste, ni fracasada. Analiza cuál es tu actitud frente al desorden y toma medidas contra él.

 

11. Pagas cuentas tarde, pagas cargos por mora, o te cortan la luz

Cuando nos acostumbramos a vivir con el desorden, lentamente se va apoderando de todas las áreas de nuestra vida, incluyendo nuestras finanzas. Si no llevas un récord de las fechas en que tienes que pagar tus cuentas, pronto te verás pagando intereses moratorios, o de pronto llegas a casa después del trabajo, y te encuentras con que te cortaron la luz! (no me preguntes por qué lo sé).

Solución: recuerdas la agenda o calendario que te recomendé? Apunta también esas fechas importantes, para que no se te pase ninguna. Si puedes, crea un presupuesto mensual, tomando en cuenta tus ingresos y tus gastos, y trata de apartar una porción de dinero para imprevistos. La tranquilidad que da tener un poquito de dinero ahorrado no tiene precio.

 

12. Siempre llegas tarde al trabajo

Cuando tienes que salir en carrera en la mañana, olvidas cosas, no haces tu ruta, dejas el bolso del gimnasio en la casa, no encuentras ropa limpia que ponerte, es inevitable que te atrases. Entonces estarás llegando tarde a tu trabajo o a tus estudios, o llegarás a tiempo, pero hecha un desastre, agitada, despeinada y sin prepararte. Esto deja mucho que desear de tu profesionalismo y seriedad, y darás una mala impresión.

Solución: Prepárate la noche anterior. Como hablamos en el artículo de ayer, deja todo listo y a mano en tu “plataforma de despegue”, para que en la mañana no andes apagando fuegos, ni como gallina sin cabeza corriendo de un lado para otro.

 

13. Te enfermas con frecuencia

Esta es la consecuencia más grave de la desorganización, porque aunque no lo creas, el desorden atenta directamente contra nuestra salud y contra la salud de nuestra familia. El desorden y la acumulación de cosas dificultan o hasta imposibilitan la limpieza, el polvo se acumula, hay malos olores, humedad, moho, y vienen los problemas respiratorios y las alergias, mucho más si tienes mascotas. Además, el desorden causa estrés, y como ya seguramente sabes, el estrés es el causante de muchos males de nuestra era moderna: presión alta, diabetes, colesterol alto, ataques cardíacos, irritabilidad, agresividad, depresión, etc. O sea, que el desorden es un problema muy grave, talvez no lo habías pensado así, pero es la realidad, y está en nuestras manos hacer algo al respecto!

Solución: Pon en práctica todo lo que hemos hablado en estos dos artículos, talvez no todo al mismo tiempo, pero comienza a hacer pequeños cambios para que tu vida vaya mejorando poco a poco. Cuando comenzamos a analizarlo, vemos lo interconectados que están muchos aspectos de nuestras vidas, y cómo el desorden y la desorganización afectan muchos de ellos. No dejes que el desorden te gane. Tú puedes contra él!

 

Gabi

13 señales de que tu vida está desordenada, y cómo solucionarlo – Segunda parte